La gran brecha entre la escuela, la industria y la IA en México: retos, contradicciones y la urgencia de actuar con conciencia
México cuenta con talento y acceso a tecnologías de punta como la Inteligencia Artificial (IA) y modelos de lenguaje avanzados —GLM-4.5, GPT-5, Bard de Google y muchos más— que surgen a un ritmo frenético. Sin embargo, a la par de estas innovaciones, el país enfrenta una serie de contradicciones y desafíos estructurales que agravan la brecha entre la formación académica, la demanda real de la industria y la incorporación ética y efectiva de la tecnología.

1. La brecha estructural: cifras y contexto
Según el Observatorio Laboral de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, un ingeniero en México gana en promedio $19,725 pesos mensuales, mientras que el ingreso laboral promedio general apenas supera los $10,640 pesos (1T 2025). Aun así, el acceso a empleos formales y bien remunerados sigue siendo limitado para muchos, especialmente para quienes carecen de certificaciones o experiencia práctica.
Los programas sociales como Jóvenes Construyendo el Futuro ofrecen becas equivalentes al salario mínimo, que si bien son un apoyo, muchas veces no incentivan una formación continua ni un compromiso real con el trabajo.
2. El rol del Estado: tecnología avanzada vs. fallas en servicios básicos
México presume contar con tecnología avanzada y acceso a herramientas digitales modernas, pero la experiencia cotidiana revela una realidad muy distinta. Un claro ejemplo es el portal del SAT, que es indispensable para la facturación electrónica y trámites fiscales.
El sitio del SAT sufre caídas y errores técnicos al menos una vez por semana, convirtiendo un trámite simple en una batalla para el contribuyente común. Si alguien como yo, con experiencia y acceso a tecnología, sufre para emitir una factura, ¿qué pueden esperar millones de pequeños negocios y personas?
Esta falla recurrente refleja una desconexión profunda entre la modernización tecnológica oficial y la calidad real del servicio público digital, afectando directamente la productividad y confianza de los ciudadanos y empresarios.
3. Mi experiencia personal: certificaciones, burocracia y desánimo
He trabajado como ingeniero y he colaborado con diversos sectores donde he visto cómo la falta de certificaciones o el acceso limitado a ellas bloquean oportunidades reales. Incluso con posgrado y años de experiencia, la rigidez del sistema y los procesos burocráticos hacen que muchos talentos queden fuera de puestos mejor remunerados y con mayores retos.
Esta rigidez limita no solo el desarrollo personal, sino la competitividad del país en sectores clave.
4. Cultura del dinero a cambio de nada: un incentivo perverso
Como abordé en mi artículo ¿Quién va a trabajar después?, entregar apoyos económicos sin exigir compromiso ni formación real genera una cultura de “yo hago que trabajo y tú me pagas”. Esto desincentiva el estudio y el esfuerzo, creando una sociedad donde el mérito y la productividad se diluyen.
Es alarmante que una madre soltera con dos hijos pueda recibir varias becas y aun así estar limitada a ganar el salario mínimo, mientras programas sociales atienden más a la subsistencia que a la superación.
5. La IA y la falsa ilusión del “prompt” que lo resuelve todo
La Inteligencia Artificial ha revolucionado la forma en que trabajamos, pero ha surgido una idea peligrosa: que basta un “prompt” para sustituir años de experiencia y conocimiento profesional.
He enviado propuestas para proyectos y he notado que muchas veces la evaluación se basa en la capacidad de generar un buen comando o prompt, no en la formación, juicio o expertise que respalda el trabajo.
La IA es una herramienta poderosa, sí, pero requiere la guía, supervisión y criterio humano para ser útil y ética. No reemplaza la visión estratégica ni el compromiso profesional.
6. Saturación tecnológica y la urgencia de una formación consciente
Con lanzamientos constantes de nuevos LLMs y tecnologías (GLM-4.5, GPT-5, Bard, Claude, etc.), la velocidad de la innovación es tan alta que no da tiempo para estudiar, entender ni aplicar bien estas herramientas.
La clave no es acumular títulos ni dominar todas las tecnologías sin propósito, sino educarnos para usar la tecnología con análisis crítico, ética y un claro enfoque en resolver problemas reales.
7. ¿Qué se necesita para cerrar la brecha?
- Un Estado eficiente: que invierta en infraestructura digital robusta, garantizando que servicios públicos como el SAT funcionen sin interrupciones y sean accesibles para todos.
- Educación práctica y certificada: que combine teoría, experiencia y formación tecnológica actualizada y accesible.
- Políticas que incentiven el mérito: que acompañen apoyos sociales con responsabilidades y planes de desarrollo real para beneficiarios.
- Formación en IA con ética y estrategia: no solo aprender a usar modelos, sino entender sus límites y cómo integrarlos profesionalmente.
- Reconocimiento del factor humano: profesionalizar el uso de tecnología y valorar la experiencia y juicio, no solo el conocimiento técnico.
8. Mensaje final: servir con propósito y conciencia
No estoy en contra del estudio ni de la tecnología. Lo que pido es que lo hagamos con conciencia, con sentido y compromiso.
No colecciones títulos ni “prompts” sin entender su impacto. Recuerda que en esta vida venimos a servir, y si no vives para servir, no sirves para vivir.

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